Continuamos la Ruta 3 hacia el Norte con muchos baches, supuestamente en refacción, pero no veíamos trabajadores, solo asfalto quebrado, o más bien: parches de asfalto en el ripio... suena más realista.
El tiempo que nos demoró este imprevisto hizo que tuviéramos que dejar de lado el desvío de la Ruta 49 que nos llevaría a
Monumento Natural de Bosques Petrificados. La erupción de volcanes ocurrido en el período jurásico (150 millones de años atrás) cubrió todo y fosilizó araucarias enteras que se petrificaron. Quizás antes de las próximas elecciones de la Provincia de Santa Cruz se pongan al día y pavimenten no solo la Ruta 3, sino todo el desastroso ripio del sector cordillerano.
A la altura de Jaramillo se encuentra el desvío de la espectacular Ruta 258 que conduce hacia Teller y Puerto Deseado. Un placer el descanso para mis amortiguadores y eje.
Que paz. Luego de unos cuantos kilómetros vimos un desvío hacia la izquierda que leía "
Estancia la Madrugada" donde había leído se encontraba el
Refugio de Vida Silvestre Cañadón del Duraznillo, lindante con la
Reserva Científica Monte Loayza. Queríamos visitar ambos lugares, así que allí nos desviamos.
Ripio nuevamente, pero lo que es peor y se está tornando mi enemigo numero 1: guarda ganados. Algunos tienen los barrotes doblados y son filos contra las cubiertas, así que en cada uno tuve que bajar a 20 Km. para cruzarlos. En todos estos lugares encontrábamos cosas extrañas. Calaveras de corderos, o incluso corderos muy jóvenes ahorcados y colgando de los postes. Primero lo asociamos con las folclóricas "
Luces Malas" pero posteriormente decidimos que sería para ahuyentar al ganado de intentar pasar al otro lote...
Finalmente llegamos a la Estancia La Madrugada para encontrar su tranquera cerrada y con cadena y candado, sin ningún cartel que advirtiera horarios ni nada. Nuestra desilusión fue grande, pero un último toque de optimismo tocó a la puerta y pensamos que quizás había otra entrada mas adelante. No había nada. Recorrimos unos 50 Km. sin ver una construcción siquiera. Unos cuantos guanacos y estos extraños corderos en cada pasa ganado, pero nadie a quién preguntar NADA. Aparece una finca y un peón se asoma, encorvado, cojo y muy mayor.
Decidí bajar del auto e ir a su encuentro.
- La Estancia la vendieron. Ya no permiten el acceso.
- No PERMITEN el acceso?
Mi asombro no daba crédito a sus palabras, pero tampoco pretendí una respuesta del buen hombre. No puedo entender como se puede negar el paso a lugares de este tipo, no entiendo como ser permite que formen parte de una propiedad privada. Aquí es donde se ubica el APOSTADERO PROVINCIAL MAS GRANDE DE LOBOS MARINOS de 1 PELO, y es hogar de miles de aves y mamíferos marinos.
Estas cosas me producen una impotencia indescriptible. Es el desorden eterno de nuestro país, la falta de organismos que regulen estas cosas, supervisen y cuiden de estos lugares.
Seguimos hacia adelante, luego que este señor nos informara que si así lo hacíamos, llegaríamos a la Reserva Natural Intangible de Cabo Blanco, nuestro próximo destino. El paisaje de estepa patagónica desértica con algún que otro puñado de ovejas se tornó nuestra compañía constante. Pasamos junto a dos salinas... y no me pregunten la razón: me transportó a Etosha, en Namibia.
Los reflejos amarillos lavados por el sol de los pastos desérticos, el contraste de la salina blanca... faltaba una jirafa recorriéndola y cebras en el horizonte. En Etosha existe un "lago" que cuenta con MILES de km2 de extensión pero poca profundidad, por lo que, terminada la temporada de lluvias se seca y ofrece el mismo panorama. Incluso aquel árbol solitario estaba en el lugar correcto... esto es lo mas maravilloso de viajar: un lugar te puede transportar a otro en un abrir y cerrar de ojos.
Finalmente llegamos al Cabo Blanco. Un majestuoso Faro de ladrillos, inaugurado en 1917 nos recibió en la cima de una elevación. No podíamos creer lo pintoresco del paisaje. Subimos la empinada escalera de acceso al faro y descubrimos sobre la izquierda una extensísima playa de muchos kilómetros donde un enorme elefante marino (aún desde aquella altura) se asoleaba en sus arenas.
A nuestro frente el Faro, detrás la roca iba descendiendo hacia el mar, primero en forma de explanada, luego abruptamente. El mar embravecido por los vientos, que no dejan de soplar. A
nuestra derecha: unas formaciones rocosas que sobresalen del mar, plagadas de lobos de dos pelos y leones marinos. El cielo azul lo enmarcaba todo. Unos peñascos te permitían bajar y recorrer las distintas vistas. Al acercarnos mas al borde del acantilado vimos una de la rocas, a unos 2 Km. de la costa mas bien altas donde descansaban 3 o 4 bestias. Obviamente deberían haber subido a ellas cuando la marea era alta, ya que no se veía posible ruta de ascenso. De pronto una de ellas decidió que ya había tenido suficiente sol y se arrimó al borde de la roca para lanzarse al agua en caída libre de unos 5 metros. Fue tan elegante, un clavadísta nato sin temor alguno.
De pronto se nos acercó un hombre. Era un oficial de la Armada, cuidador del faro. Yo no podía conmigo misma frente a tanta belleza pero mi hermana fue mas generosa y se puso a charlar con el muchacho, que, Quién sabe cuándo! había charlado con alguien la última vez.
Hice varios videos cortos, me senté a admirar tanta naturaleza, ese perfecto ecosistema donde siento que pertenezco. Los vuelos sincronizados de los cormoranes imperiales, grises y de cuello negro con alguna gaviota cocinera sonaban a vals, y desaparecían detrás de la esquina del acantilado. Mentalmente me anoté dirigirme hacia allí mas tarde para localizar el hogar.
Al regresar al faro no encontraba a mi hermana por ningún lado. La llamé pero no había respuesta. El viento era interesante pero sabía que ella no iba a meterse en ninguno de los peñascos sin mí por su vértigo, así que miré hacia abajo, donde estaba estacionado mi auto; nada. Recorrí un poco el lugar, estaba la casa del guarda farolero no se veía nadie dentro y mis aplausos para avisar de mi presencia eran arrastrados por el viento y el ensordecedor sonido de las olas rompiendo. Caminé nuevamente hacia el acantilado que daba sobre esa extensa playa y descendí para ver un poco el área; tampoco.
Regresé al faro y de pronto la escucho llamarme. Se había puesto a charlar con el oficial y la llevó dentro de la casa donde le mostró fotos viejas del faro y le pidió que firmara el libro de visitas. Una sonrisa cómplice se dibujó en nuestros rostros y luego de despedirnos bajamos nuevamente la escalera.
Se veía hacia la izquierda un pequeño cementerio. Unas pocas cruces pertenecientes a los antiguos trabajadores de las salinas. Tumbas anónimas. Ninguna lleva inscripción, son meras cruces de madera que alguna vez fueron pintadas de blanco. Un precario cerco las rodea protegiéndolas de quién sabe qué, y descansan en un paisaje natural envidiable. No pude evitar pensar que era el lugar perfecto para hacerlo.
Seguimos un sendero caminando por unos 800 metros hasta que dimos con una formación rocosa desde donde podíamos escuchar el romper de las olas del mar. No alcanzábamos a verlo, pero las leves ondulaciones del contorno de las rocas hablaban de baños y erosión marina. No eran ásperas ni punzantes, algunas incluso tenían algas donde se formaban pequeñas piletas de agua. Comencé a trepar, encontrando un camino para avanzar y ascender, que me fue permitiendo ir penetrando hasta vislumbrar unas "explosiones" de agua que se elevaban por sobre las rocas esporádicamente, aún sin llegar a ver el mar.

- "¡
Acá está el sifón!" - le grite a mi hermana.
Es difícil comunicarse en estas áreas costeras de la Patagonia. Los fuertes vientos te ensordecen y aún estando al lado de la persona con la que hablas "
las palabras se las lleva el viento".
Al atravesar la última de las rocas quedamos atónitas con las vistas: a nuestro lado, "el sifón", una suerte de embudo entre grandes rocas por donde penetraban con la fuerza de los vientos las olas del mar, para chocar contra una pared granítica y elevarse unos 4 metros, dependiendo la marea. Hacia adelante las grandes rocas sobresalían del mar con sus densas poblaciones de mamíferos marinos, y entre ellas ese clásico nado coordinado que realizan en grupo cuando se encuentran en aguas donde habitan sus predadores, como los tiburones y las orcas, en esta área y época. A nuestra derecha una enorme roca, cuya primera impresión daba la sensación de ser blanca, una cormoranera real. Mirándola detenidamente descubrías que era el guano de las aves acumulado por cientos de años.
Todo esto ofrecía una panorámica increíble con los "trajes" de los cormoranes; grises o blanco y negro de los Reales. Habían algunas pingüinos, gaviotas cocinera, pato vapor, y algún ostrero perdido. Estuvimos un largo rato absorbiendo y disfrutando la belleza del lugar escondido de nuestras costas. Un refugio de naturaleza, un lugar que impacta.
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Los contrates eran agudos. El cielo azul profundo de esos días que soñás cuando llueve, el blanco de la piedra de la cormoranera con los rojos y negros de los ostreros, los blanco y negro de los cormoranes, los azules oscuros de las profundidades marinas con los turquesas claros de las áreas playas. El aroma de sal lavaba cualquier olor desagradable que pudiera originarse tanto por los pájaros como por los lobos y leones marinos. Los sifones se producían rítmicamente con un intervalo de 3 oleadas.
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Emprendimos el regreso a la tierra plana y vimos una deteriorada estructura que alguna vez, quien sabe cuando, supo ser el hogar de alguien. Quizás de algún trabajador de las salinas, o del antiguo cuidador del faro. Lo cierto es que su posición, justo frente al mar, al borde del acantilado, debe haber hecho muy feliz con sus vistas a sus habitantes. Qué más se puede pedir que vivir rodeado de tremendo ecosistema?
Llegó el momento de partir y nos subimos a Priscila para desandar parte del recorrido que hicimos para venir por la ruta 91. Luego tomamos un desvío que decía Puerto Deseado, la ruta 14. Otra vez la estepa patagónica con los guanacos, las ovejas, y los corderos colgando de los pasa ganados. Con una variante: los carteles locos de un estanciero que REALMENTE NO DESEA QUE ENTREN A SU PROPIEDAD.

(Difícil imaginar que tuviera tanto cazador furtivo cuando no nos cruzamos ni un auto en lo que llevábamos del día!)
Uno de los ya temidos guarda ganados dañó una cubierta. Tuve que parar al costado del camino para cambiarla. Debido a que la de auxilio que me quedaba estaba al fondo del falso baúl, tuvimos que vaciar todo para poder acceder a ella. Comida, carpa, mochilas, aislantes, cocina, todo: FUERA. Saque la rueda y comencé a aflojar antes de colocar el gato, los tornillos con una patada seca en cada uno. Cuando comencé a levantar el auto una camioneta 4x4 paró a ver si estábamos bien. Muy amables. Terminé de cambiarla y volvimos a cargar el baúl para seguir viaje. Una lagartija curiosa se acercó, y debido a mi fascinación por ellas le hice un retrato...
A unos 30 Km. de Puerto Deseado de pronto se levantó un viento muy fuerte. Más fuerte que los familiares. De pronto la arena comenzó a volar y la visibilidad bajó de forma considerable. Por un momento me dejé llevar mentalmente e imaginé estar en el Sahara al comienzo de un Siroco. :) Aun con los vidrios cerrados se podía sentir lo poderoso del viento que hacia sentir empujones en la carrocería. Tuve que bajar la velocidad para contrarrestar los efectos del viento. Encendí mis valizas. Sabía que no había nadie, pero también estaba acercándome a una población y las probabilidades eran mayores de haber autos circulando. La luz se iba tornando cada vez más tenue y decidimos para el auto para disfrutar de la tormenta.
Llegamos a la ciudad. Apenas uno entra desemboca en su puerto, chocando con la costa. Grandes buques carga contenedores y una gran población de gaviotas Olrog y petreles gigantes sobrevolaban el área de los barcos pesqueros en busca de restos... El viento seguía soplando feroz. No se veía nadie en sus calles. Una 4x4 que se encontraba estacionada encendió sus luces de freno y supe que había alguien dentro. Le preguntamos si sabía donde quedaba el camping municipal, y muy amablemente nos dijo que la siguiéramos.
En el camino íbamos ya hablando con Cynthia sobre la posibilidad de usar un albergue, ya que iba a ser imposible levantar la carpa en ese viento. Efectivamente la empleada nos dijo lo mismo, y nos dio la dirección de la Oficina de Turismo local para ubicar alojamiento y opciones de cosas para ver.
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La Srita. sentada en un escritorio que nos atendió no tenía la mejor predisposición, o quizás veníamos muy mimadas de las otras oficinas que religiosamente visitamos en cada localidad donde estuvimos. Yo sabía de una isla cercana, La Isla de los Pingüinos, donde habita una clase única de la región, los de penacho amarillo. Le pregunté como podía hacer para visitarla y me dijo que una empresa ofrecía los viajes en gomón hasta allá por $200 por persona.
- "$200!! Pero mire que no quiero llevarme un pingüino! Y, dígame, con el auto y por nuestra cuenta, que ofrece el área para visitar?"
- "ah, no... si no toman excursiones pueden ir por este camino (señalándolo en un mapa ínfimo) y acá (haciendo una cruz) frenar y van a ver una isla, a unos 25 Km. de la costa donde hay unos lobos marinos"
Nos dio la sensación que "si no dejas tu dinero acá, entonces no tenemos nada que ofrecerte". Acto seguido le preguntamos por algún albergue y nos dijo que probáramos suerte en el albergue municipal.
El viento seguía soplando y subimos al auto para ir hacia allá. Al abrir las puertas, aun que más no fuera por un breve instante, el interior del auto se llenaba de arena. La srita. que nos atendió nos dijo que tenía una habitación doble pero que no podía dárnosla hasta hablar con la dueña. La llamó y al cortar nos informó que "ella decía" que no estaba disponible.
- "Es una mujer muy especial. Vayan a la oficina de turismo y hablen con "X" que es muy amiga suya, y seguro que la convence que se las dé".
((Perdonen mi francés, pero "andat la put q´te pareau" ))
Nos dirigimos hacia el hotel mas barato que decía nuestra guía "Residencial Las Bandurrias" ($70 la habitación doble con baño privado y desayuno incluido). Teníamos 2 camas, baño con ducha privada y agua caliente, TV con cable!, un lujo asiático... Qué más podíamos pedir!?
Para amortiguar este "gasto estrafalario" propuse cocinar en la habitación. Repentinamente a mi hermana le agarró un ataque de risa. No podía parar y las lágrimas corrían por sus mejillas. Se abrazaba el vientre y trataba de hablarme pero las palabras eran ahogadas por un nuevo jajaja-
Logró articular algo después de un buen rato:
- Nooooo! mira hasta dónde hemos llegado!"
Mi mente se posicionó en la suya y vi las cosas desde donde ella las estaba viendo. Me uní en esa risotada que te hace doler la barriga y las mandíbulas...
La ventana de nuestra habitación daba justo hacia el estacionamiento, así que me fui al auto y separé en una bolsa la cocina, un tubo de gas, una olla, un paquete de spaghetti, condimentos, unas morillas compradas en El Bolsón a precios desorbitados y un tarro de crema que acaba de comprar en el mercado para tal fin. Los pasé por la ventana y volví a la habitación. Cynthia se estaba preparando para su soñada ducha privada y yo me dispuse a colocar las cosas en un lugar donde no hubiera peligro de incendio. Puse las morillas con un poco de caldo a rehidratarse, cuando escucho a mi hermana gritar desde el baño:
- "Nena! ¡No sale agua!".
Me hizo recordar la escena de "Esperando la Carroza" cuando la hija de China Zorrilla le grita, con el shampoo en la cabeza, que se había cortado el agua.
Fui a la recepción y estaba la empleada charlando con un hombre en pose de ser "lo que el medico te receto para esta noche" y supuse al instante que se trataba de la misma persona que mi hermana me había descrito cuando fue sola al auto a buscar cosas de su equipaje.
Le expliqué la situación y levantó el teléfono para llamar a quien, asumo, sería el dueño. Al cortar me dice:
- "Ya ayer le había avisado que se estaba acabando el agua. Pero él no me creyó. No te preocupes, AHORA TRAEN EL AGUA"
Una frase incongruente si las hay. Una localidad pegada a un río y deben TRAERLES el agua?. Con los ojos bien abiertos por el asombro le dije:
- "la traen!?"
- Si, ahora viene el camión y nos carga el tanque. Va a demorar un ratito, una media hora, pero no te preocupes que llega".
Volví bien confundida a la habitación. No existen las bombas de agua? y con estos pensamientos aun en la cabeza le digo de forma automática a mi hermana que ya había llamado y que ahora iba a venir el camión para cargar los tanques.
No pudo con ella. Envuelta en la toalla se tuvo que sentar en la cama ya que la envolvió un nuevo estadillo de carcajadas. Por supuesto a mi me cayó la ficha y no me pude contener.
- "Estamos en el triangulo de las bermudas, el "Twilight zone"!" - No podíamos parar.
Finalmente el agua llegó, cenamos unos deliciosos spaghetti con morillas y crema y de postre unas gigantes cerezas del mercado local. Bañadas, nos tiramos a ver una peli... pero yo estaba agotada de tanta risa.
Por la mañana tenía una goma baja. Al preguntarle a la empelada de turno aparece el personaje de anoche y me dice ser gomero. Yo no daba crédito a mis oídos. Era todo como una película, todo muy bizarro en este pueblo. Le pido entonces que me recomiende un lugar donde ir a cambiarla y me da la dirección. Vacío la carga del baúl, cambio la rueda nuevamente y la dejo a mi hermana sentada en la vereda de la hostería, con todos los bártulos. Al llegar al gomero el tipo YA ESTABA AHÍ. Fue muy gracioso verlo, tuve que contener las ganas de reírme en su cara.
El empleado del lugar arregló la de auxilio y la otra y regresé al hotel. Estacioné el auto en la puerta y la dejé a mi hermana cargando nuevamente el baúl mientras yo entraba a lavarme las manos que estaban sucias de haber cambiado las ruedas.
Al salir la reencuentro a las carcajadas... No podía explicarme, cada intento era interrumpido por otra oleada de risa. No podía contenerse! finalmente el aire la ventiló, y logró decir aun riendo:
- " Pasó una señora que se me acercó y me gritó: ESTACIONADA CONTRA MANO JUSTO FRENTE AL TRIBUNAL DE FALTAS!"
Reímos a más no poder. Decididamente el viento del día anterior, esa gran tormenta de arena fue premonitorio: nos decía que no debíamos venir a este lugar.
Felices de hacerlo, partimos hacia nuestro próximo y feliz destino: Camarones.
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